Autor:

Adolfo Álvarez Barthe

 

2021 Luis Sáenz de la Calzada

Un análisis pictórico

FOTOS FIRMA LIBRO. LEÓN

PRÓLOGO

Ana Paniagua

 

Pertenezco a esa generación de leoneses que descubrió los morados fragmentados de Luis García Zurdo en la sala de espera de la consulta de mi pediatra, el animalario de Calzada  en el vestíbulo del hotel Quindós y los ocres de Vela Zanetti en el del Conde Luna.  Aún no estaban inventados los fines de semana gastronómicos en Can Roca y una clase profesional, cultivada y generosa, nos mostró a hijos, alumnos, clientes  y pacientes el respeto por el arte, el gusto por lo imperecedero y el buen criterio de invertir en nuestros artistas. Por lo demás, el legado de cada familia incluyó la libertad bajo el brazo y, como mínimo, un ejemplar del Quijote y una historia del arte universal adquirida a plazos, con la que ilustramos nuestros trabajos de bachillerato por ciencias o por letras. Todo ello mucho antes de situar Silicon Valley en un atlas  y de que las becas Erasmus y los vuelos low cost nos permitieran más sofisticadas y globales formas de conocimiento. Adolfo Álvarez Barthe y yo somos hijos de aquellos padres, con quienes hemos contraído una deuda  que solo podremos saldar reconociendo la herencia y agradeciendo los principios en virtud de los cuales, además, nos vemos obligados a intentar con nuestros descendientes tarea de similar envergadura. Como el pintor ha defendido en alguna ocasión, «importa lo que se recibe, cómo se recibe y, después, lo que se destila.»

En una tarde de abril de 2019, asistí en el Centro Leonés de Arte a una de las visitas guiadas que Barthe ofrecía entonces con motivo de la exposición de una cuidada selección de obras de  Luis Sáenz de la Calzada. Decir visita guiada es contarlo pero no abarcarlo, porque aquel amenísimo recorrido respondía al ideal estético y pedagógico de la Institución Libre de Enseñanza. A propósito de aquella muestra, Álvarez Barthe había publicado Luis Sáenz de la Calzada, un ensayo biográfico, el antecedente de este análisis pictórico y que junto con él completa el estudio más exhaustivo y poliédrico que se ha hecho sobre el pintor leonés.

 

Si en el primer ensayo el autor contextualiza la vida y obra de Calzada, en este que presentamos ahora indaga en su obra pictórica, revela las claves de su lenguaje, nos descubre los símbolos de su discurso estético, ancla sus referentes y,  sobre todo, reconstruye su poética.

Las coordenadas espaciotemporales de la juventud  de Calzada son las de Moreno Villa, Lorca, Alberto Sánchez, Benjamín Palencia y otros que formaron la generación probablemente más brillante del siglo XX español. Y en esas mismas coordenadas se mantuvo a lo largo de su carrera artística. Acaso lo que pretendiera Calzada, como Salinas, Guillén o Cernuda, fuera dar carácter unitario a su obra y, como no abandonó jamás su formación científica, lejos de estar bien preparado para un mundo que ya no existía, sabía muy bien que la nueva física avalaba su audacia intelectual y estética.

 

La metodología  crítica de Álvarez Barthe resuelve cualquier  dificultad planteada por el presunto anacronismo de Calzada. Geometría de múltiples aristas,  rigor técnico y metáfora poética para desvelarnos la pintura de Luis Sáenz de la Calzada. Si la antidialéctica de la guerra cercenó todas las utopías, el Gran Teatro del Mundo continuó su representación. “Pasen y vean” , que de pintor a pintor, comprobarán que «el tiempo entra por los ojos»

Joaquín Revuelta | 02/02/2021

 

Adolfo Álvarez Barthe:

"Calzada no es surrealista"

Tras comisariar junto a Luis García la exposición retrospectiva de Luis Sáenz de la Calzada ‘El humanismo renaciente’ y publicar un ensayo biográfico, acaba de ver la luz un análisis pictórico del artista leonés

 

El pintor y escritor Adolfo Álvarez Barthe fue protagonista el pasado sábado en la Librería Universitaria de la firma de ejemplares de su más reciente publicación, ‘Luis Sáenz de la Calzada, un análisis pictórico’ (Eolas ediciones) que viene a completar la anterior ‘Luis Sáenz de la Calzada, un ensayo biográfico’ (Eolas ediciones) y la exposición retrospectiva ‘Calzada. El humanismo renaciente’, que pudo contemplarse en el Centro Leonés de Arte durante los meses de noviembre y diciembre de 2018 y enero de 2019.

 

– La figura de Luis Sáenz de la Calzada ha ocupado los tres últimos años de su vida con la publicación de un ensayo biográfico, un análisis pictórico y la puesta en marcha de una gran exposición retrospectiva con el título ‘El humanismo renaciente’. No se si ya estaba todo en su cabeza o si un proyecto le ha llevado al otro.

 

– En mi cabeza no estaba ideado. Yo sí creo que estaba ideado en la cabeza de alguien que es Luis García. En realidad el primer evento al que me invitan es a dar una conferencia sobre Luis Sáenz de la Calzada en el Centro del Clima de La Vid de Gordón. Una vez acabada la conferencia Luis García me propone la redacción del libro, y a la vez que estoy redactando el libro me propone comisariar junto con él la exposición en el Centro Leonés de Arte. Una vez presentado el libro, que en el caso de León tuvo lugar en la Biblioteca Gumersindo de Azcárate de la Fundación Sierra Pambley y en Madrid en la Residencia de Estudiantes –porque Sáenz de la Calzada había estudiado allí– y también en la Fundación Carlos Edmundo de Ory en Cádiz, que también tiene ciertas vinculaciones institucionistas, me propuso también la redacción de un análisis pictórico. Yo he ido obedeciendo porque si no no lo hubiera escrito. Yo solo voy a escribir cosas si me lo piden, porque en realidad soy pintor. Yo creo que la intención de Luis García era dejar si no cerrado sí ampliado el análisis de la figura de Luis Sáenz de la Calzada, que no contaba con un buen análisis por lo menos desde el punto de vista de la historia del arte.

– En una figura tan poliédrica como la de Luis Sáenz de la Calzada, ¿qué le resultó más complicado de acometer, el ensayo biográfico, el análisis pictórico o el comisariado de la exposición retrospectiva del CLA?

 

– El análisis biográfico no tanto porque sí es poliédrico pero se le puede seguir y hay datos y hay obras. Se sabe de su función de actor, bastaba con indagar un poco para saber qué obras habían presentado. De su faceta como conferenciante bastaba leer la prensa de la época. De algún tipo de ensayo científico, porque no hay que olvidar que era un hombre de ciencias, era médico y biólogo. Ahí era fácil. Lo más difícil ha sido hacer un análisis pictórico porque todo lo que se había hecho críticamente sobre ese aspecto era deficiente porque se decían cosas que no son. Calzada no es surrealista. Se decían cosas sueltas que también tenían que ver con el momento histórico que se iba viviendo. Hay que decir sin embargo que Antonio Gamoneda en las cuatro o cinco cosas que dijo de él, no ligadas en una estructura entera, sí daban en la diana. Entonces, a partir de ahí y con los nuevos instrumentos que tiene la historia del arte sí se ha podido hacer una semblanza crítica de su pintura que no existía antes.

 

Adolfo Álvarez Barthe y Luis García. comisarios de la exposición ‘Calzada. El humanismo renaciente’. | MAURICIO PEÑA– ¿Qué aspectos fueron los que destacó Gamoneda que resultaron a su juicio tan certeros?

 

– Gamoneda lo ubicó tanto en pintura como en literatura. Se ha publicado hace unos años un poemario inédito de Calzada con el prólogo de Antonio Gamoneda, quien no se dejó engañar digamos por los movimientos estéticos. Gamoneda lo centró muy bien tanto en literatura con el creacionismo como en pintura con la Escuela de Vallecas y el retorno al orden. Todo eso viene amalgamado ahora y puede desarrollarse críticamente mejor.

 

– Recuerdo que en nuestra anterior conversación con motivo de la presentación del ensayo biográfico me comentaba que la pintura de Luis Sáenz de la Calzada estaba muy influenciada por la literatura y dada la figura de su maestro y mentor, José Moreno Villa, por los emblemas. ¿Podría profundizar en esa idea?

 

– Moreno Villa era un bibliotecario que llegó a dirigir el Archivo Nacional y llevaba a los residentes por los museos, les enseñaba cosas, les llevaba por los archivos, y la literatura emblemática es un aspecto que influye mucho en Calzada porque le conviene mucho también a Calzada. Calzada es un hombre que en toda su obra pictórica hay muchos contenidos: contenidos literarios, contenidos mitológicos, contenidos científicos... y la manera de aunar todo eso ya la habían probado los autores de tratados de emblemática en el Renacimiento y el Barroco. Unir dos objetos en apariencia imposibles de unir, objetos que no se darían cita en la vida común para desarrollar un discurso, eso es lo que hace la emblemática. Y ese es el proceder pictórico de Calzada, que así aprovecha también todos sus conocimientos.

 

– ¿Cómo fue la gestación del libro, cuya redacción tengo entendido se hizo en buena medida en los meses del confinamiento más estricto?

 

– Antes de la pandemia yo ya tenía bastante documentación consultada y tenía un esquema. Según nos confinaron domiciliariamente pues yo que soy un trabajador muy metódico me levantaba, desayuna y por la mañana ya empezaba a redactar. Ya había hecho algo pero se rehace todo entre los meses de marzo, abril, mayo y principios de junio. Ahí es cuando se hace el libro entero. Luego otra cosa es la maquetación, que también tiene su interés porque la pintura de Calzada tiene un aspecto secreto, un aspecto hermético, y yo quería que la edición también tuviera algunos detalles de ese tipo. Por ejemplo, la introducción está vertebrada en doce pequeños capítulos. La inicial capitular de cada uno de ellos va dando luego un lema, que era el lema de trabajo de Calzada, ‘festina lente’, un lema muy antiguo que perteneció al emperador Augusto aunque luego se reactualizó en el Renacimiento con el editor Aldo Manucio. ‘Festina lente’ sería el equivalente a ‘sin prisa pero sin pausa’. Yo quería meter esos pequeños secretos también en la parte de la edición y en ese sentido el editor Héctor Escobar ha sido mi cómplice porque lo hemos pasado muy bien jugando con la edición.

 

– Tengo constancia de que ha quedado muy satisfecho con todo el trabajo desarrollado en ‘Luis Sáenz de la Calzada, un análisis pictórico’.

 

– Yo quedo satisfecho cuando veo los resultados de un trabajo. Yo conocía a Calzada, lo traté varias veces en su casa y delante de sus obras hablábamos de símbolos y de todo. Yo tenía conocimientos, pero convertirlo en un discurso lógico es otra cosa. Ese esfuerzo para convertirlo en un discurso lógico y poner en un valor ya certero a una persona y a su obra te deja muy satisfecho. Sin que parezca muy vanidoso, yo sé lo que he hecho. Era difícil hacer un análisis pictórico porque la historia del arte tenía que renovarse también para poder incluir no solo a él sino a otros pintores. Qué diríamos de Balthus, que diríamos de Gallart si no renováramos la historia del arte. Y resulta que sí, que se ha renovado. En el momento en que la historia del arte, y eso ocurre sobre el año 2000, ya admite como categoría histórica el anacronismo –Calzada fue un anacrónico, pero lo fue por razones históricas– ya se puede iniciar un análisis pictórico sólido.

 

Portada del libro. | EOLAS EDICIONES– No sé si el acto del pasado sábado en la Librería Universitaria con la firma de ejemplares fue la primera presentación pública de ‘Luis Sáenz de la Calzada, un análisis pictórico’ o si ya ha tenido oportunidad de presentarlo en otros ámbitos. ¿Cómo es la hoja de ruta que va a seguir la publicación?

– La idea es hacer una presentación como dios manda. La vida tiene que seguir y aquello fue una firma del libro. Había gente ya esperándolo y también hay que poner un poco de entusiasmo en todo este desastre. He estado hablando con gente de Madrid, con Margarita Sáenz de la Calzada, que fue la que me procuró la presentación del ensayo biográfico en la Residencia de Estudiantes, y me ha asegurado que cuando todo esto pase o nos dejen sí se harán presentaciones como deben de ser. Yo creo mucho en lo comunitario y creo que un artista y un escritor deben de gozar del aplauso en la plaza pública. Me hizo mucha emoción el sábado ver cómo se acercaban las personas porque a mí no me afectó mucho mentalmente el confinamiento porque yo trabajo en casa y no me sentí prisionero en mi propia casa, muy al contrario, pero claro esto ya empieza a fatigar y cuando vi que entraban las personas para la firma me dije: ¡dios mío, mi público! La verdad es que me hizo mucha ilusión.

 

– Dada la figura tan polifacética de Luis Sáenz de la Calzada, supongo que quedan todavía muchos aspectos dignos de estudio que desconozco sí tiene voluntad de explorarlos de cara a futuras publicaciones, bien sea por iniciativa propia o por encargo.

 

– Yo obedezco, Si me piden pues doy. Soy un buen bautizado. Sé que se va a intentar la publicación de otros poemarios inéditos, que necesitarían también aparato crítico. Los aspectos científicos no hace falta ahondar en ellos porque Calzada fue doctor en medicina y luego profesor de Biología en la Universidad de León y aunque publicó algunas cosas dentro del discurso científico son cosas normales. Pero falta ahondar un poco más en la parte literaria. Me consta también que el archivo que tiene Margarita Sáenz de la Calzada y al que yo tuve acceso hay bastantes obras inéditas. Hay incluso algunas obras de teatro de formato autosacramental y todo eso está inédito. Luego sobre la pintura haría falta que el coleccionista acercara las imágenes de esos cuadros que posee, más que nada para engrandecer el catálogo de Calzada.

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ELOÍSA OTERO. 29 enero 2021

Adolfo Álvarez Barthe

firma ejemplares de su libro sobre

la pintura de Luis Sáenz de la Calzada

 

La Librería Universitaria (Gran Vía de San Marcos 3), en León, acoge este sábado 30 de enero por la mañana, de 11.30 a 13.30 horas, la firma del libro “Luis Sáenz de la Calzada, un análisis pictórico” (Eolas ediciones) del que es autor el artista y escritor leonés Adolfo Álvarez Barthe.

 

Hace dos años, Adolfo Álvarez Barthe ya publicó otro libro sobre este personaje imprescindible en la historia de León: “Luis Saénz de la Calzada, un ensayo biográfico”, un trabajo de investigación con el que buscó resaltar la poliédrica personalidad del artista leonés, justo a un cuarto de siglo de su muerte.

Y es que Sáenz de la Calzada frecuentó la madrileña Residencia de Estudiantes; formó parte, dirigido por Federico García Lorca, del elenco de actores de La Barraca; se sumó a las vanguardias que, durante los años veinte y treinta, se ensayaron en Madrid; sobrevivió, enmascarado en el Teatro Nacional, a la Guerra Civil y a una dura posguerra; y durante el franquismo se convirtió en un poeta secreto. “Su papel al final del franquismo fue determinante. Nombrado primer presidente del Club Cultural y de Amigos de la Naturaleza (el ya legendario y mítico CCAN) a principios de los setenta, defendió los intereses ecológicos de la provincia leonesa a la vez que organizó un eficaz circuito de préstamo de libros entonces prohibidos y promovió el ordenamiento de los cuadros directivos de los partidos de izquierdas”, apunta Barthe. Además Saénz de la Calzada practicó la odontología y el magisterio universitario en León, ciudad en la que ejerció sus muchas vocaciones mientras preparaba el camino de la transición democrática.

 

En este nuevo libro más centrado en la pintura del polifacético artista, como escribe Ana Sofía Pérez–Bustamante, “Barthe lucha entre la evidencia de un silencio harpocrático y la necesidad de un ejercicio hermenéutico de dilucidación. El resultado es, inevitablemente, poético. Es entonces cuando más penetra la mirada del pintor y retratista que es Álvarez Barthe; cuando nos va descifrando a qué apuntan los grandes símbolos con los que dialoga Calzada: el caballo aprisionado que siempre indica una batalla interior, una psicomaquia; el Arlequín que refleja lo inferior del ser humano y, como el Loco del Tarot, su capacidad de transmutarse en cualquier otra cosa; el ángel que es mensajero de los niveles superiores de la existencia; la mujer asomada a la ventana que es la mediadora entre la naturaleza y el ángel; el durmiente cuyos sueños fecundan la vigilia…”.

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El leonés Adolfo Álvarez Barthe

firmará su libro "Luis Sáenz de la Calzada, un análisis pictórico"

en la Librería Universitaria de León

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Adolfo Álvarez Barthe

firma este sábado ejemplares de

"Luis Sáenz de la Calzada,

un análisis pictórico"

FREZANDO

 

A hora que están con sus fregones las truchas haciéndose marallo sobre las pedreras grijosas de los ríos donde el caudal se serena y montan su guateque reproductor (su frezadero frezando), nos volvió Luis Sáenz de la Calzada a la charla helada en terracita esquinada de las de salir pitando. La sensibilidad por la naturaleza -muy alertado por sus voces de herida o moribunda- le entró a Luis, más que nada, por tantos ríos que conoció en esta tierra a los que dibujaba su fragor y su entorno con el puntero de una caña antes que con el lápiz de biólogo o de pintor (tuvo una caña octogonal de mosca seca, suiza, ligerísima como mimbre y puro látigo rizando en el aire la cola de rata, caña que te la presentaba como se presenta orgulloso a un amigo de lealtad inquebrantable). Tener dentro un río de inquietudes y preguntas le llevó, siendo médico en madurez, a matricularse en Ciencias Biológicas para averiguarle a la vida los pasos lentos y rutinarios que viene dando desde hace millones de años.

PEDRO GARCÍA TRAPIELLO. 16 enero 2021

Nadie puede imaginarse hoy los ríos leoneses que pescó Luis hace setenta años, ríos libres de ingenieros todavía con soto ancho en varias mangas o recoletos bajo sombra de aliso y sauce humero a pie de peña. Persiguiendo la captura elegante de la trucha, el caballero y sensible Sáenz de la Calzada se entrañó en la naturaleza brava que aún escondían estas riberas y montañas. Y qué bien lo entendió Modesto Llamas cuando le retrató en un dibujo excepcional sentado en un sillón cuyo brazo en el que se apoya Luis no es brazo ni madera, sino una trucha con la boca abierta, como diciendo o profetizando algo, todo un guiño surrealista a la pintura simbólica de Luis.

 

Tras morir, Maruja Zuloaga, su viuda, me dio su carrete de pesca, «él lo habría querido»; es de imaginar la devoción con que lo guardo; alguna vez lo llevé al río para que su música le nombre (y qué biografía tiene también Marujina, «estudianta residente» como Luis, hija de abogado de Estado al que los falangistas sacaron de San Marcos asesinándole con vileza en un solar de Renueva).

PEDRO GARCÍA TRAPIELLO. 14 enero 2021

LUISITO

 

Si llegando a los ochenta siguen llamándote Luisito, ¿cómo no deducir que tras el diminutivo ha de haber solo cariño y alguien entrañable, gente buena de verdad?...

 

Ese fue Luis Sáenz de la Calzada. Sobre su obra plástica ha publicado un libro el pintor Adolfo Álvarez Barthe reclamando la consideración que merece y no siempre tributada en este León madrastra. Hombre de amplitud creadora, artista, pensador, pintor y poeta, médico dentista y biólogo, hijo de la Libre Enseñanza y del kraussismo, entregado teatrista junto a Lorca en La Barraca y sensible naturalista en el primer ecologismo cazurro cofundando el Club Cultural y de Amigos de la Naturaleza, el Cancán, en coloquial, refugio y criadero de alternativas en tiempos huérfanos de pensamiento y contestación en una ciudad levítica y callada, club que tanto tuvo que ver -Luis mediante- en la batalla ganada a una central nuclear en Valencia de Don Juan, 1975.

Luis pintaba porque quería una otra voz de color y trazo. Libre. Ni competía ni desdeñaba. Pintó a su modo. Y no solo uno. Sin militancias de estilo, y siempre tentado a simbolismos y surrealismos, lo vivido en la Residencia de Estudiantes en Madrid, su patria intelectual 1932-36, Lorca en cercano, Buñuel, Dalí... mundo que revivió al traerle aquí hace treinta años a Isabel Lorca, José Varela, Pepín Bello y viejos «estudiantes» con una exposición sobre Lorca que monté en Pallarés. Y aquella noche, en la sobrecena en el relais de San Marcos, cantaron a coro en el alemán que dominaban. Crémer flipó y a Luis le bailaban los ojos con sones que le devolvían a un tiempo enorme y creativo. La charla fue interminable Y lo eran todas las suyas en los fértiles juntamientos que convocaba Jaime Quindós. La risa y la ironía las hacía pinceles. Jamás le vi un decir mal. Y siendo un vencido entre vencedores, se ganó su respeto; o en su antípoda ideológica, algún amigo entrañable, como José Eguigaray, al que pescando al sereno con ellos en el Órbigo aún oigo llamarle a voces para ayudarle a sacar un truchón: ¡Luisitooo, Luisitooo!... ya te contaré.

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VERÓNICA VIÑAS

El filandón. Diario de León 10 - 01 - 21

 

Descifrar el silencio de

Sáenz de la Calzada

 

Adolfo Álvarez Barthe publica un libro en el que analiza con los nuevos códigos del arte la extensa obra del digno hijo de la ‘Generación de Plata’

Discípulo brillante de la Institución Libre de Enseñanza y miembro de la mejor generación que desfiló por la Residencia de Estudiantes, amigo y colaborador de Lorca, el polifacético médico, poeta y pintor leonés Luis Sáenz de la Calzada sí tiene quien le escriba.

 

El artista leonés Adolfo Álvazez Barthe, que conoció y frecuentó al maestro en los últimos diez años de su vida, ya publicó en 2018 una biografía para sacar del injusto olvido al actor del Teatro Nacional que acabó ejerciendo de dentista en su León natal.

 

Ahora ha llegado el momento de abordar su prolífica obra. Una producción que supera las mil pinturas y que, según Álvarez Barthe, no había podido ser analizada hasta ahora, porque la historia del arte carecía de instrumentos críticos para valorarlo, como ha ocurrido también con la obra de Balthus o Gregorio Prieto.

 

Detrás de ambos libros —tanto de la biografía, que se publicó coincidiendo con la exposición organizada por el Instituto Leonés de Cultura, como de este análisis crítico de la obra de Sáenz de la Calzada— está la ‘mano’ de Luis García, responsable de exposiciones del ILC. «Tenemos mucha suerte de tener a Luis García. Sin él León sería un desierto cultural».

 

La editorial leonesa Eolas publicará próximamente Luis Sáenz de la Calzada. Un análisis pictórico, donde Barthe disecciona con nuevos parámetros la obra de un artista al que suelen encasillar en dos etapas: la Escuela de Vallecas, como se conoce a la troupe surrealista reunida por el escultor Alberto y el pintor Benjamín Palencia en 1927, cuando se plantearon la renovación del arte español; y el surrealismo.

 

Sin embargo, buena parte de la producción de Sáenz de la Calzada, que estudió Biológicas años después de licenciarse en Medicina y ejerció como profesor de Antropología Física, «tiene más que ver con la ilustración de los nuevos avances científicos», sostiene Barthe. «Casi toda la obra, a partir de los sesenta, parece la ilustración de una obra científica». Y es que «ahora podemos evaluar a los artistas con los nuevos códigos del arte», asegura.

 

El libro analiza 33 obras. El número no es casual. Y está dividido en doce capítulos, uno por cada letra de la locución Festina Lente (aproxímate despacio), que Barthe ha sacado del exlibris del propio Sáenz de la Calzada.

 

«A la hora de acometer el análisis pictórico de su extensa obra conviene no dejarse engañar por la diacrónica, artificiosa, interesada y oficiosa historia del arte. Tampoco conviene, como veremos, olvidarla; entre otras razones porque Calzada se sirvió de ella para su quehacer creativo», afirma.

 

«Juan Manuel Bonet, en su Diccionario de las vanguardias españolas. 1907-1936, incluye su nombre, aun advirtiéndonos de que la totalidad de su obra se realizó en años posteriores al marco temporal del diccionario. Esto quiere decir que el lenguaje artístico de Calzada, elaborado durante los primeros años treinta, siguió empleándose durante las sucesivas décadas que aún le quedaban al convulso siglo XX. Ninguna de las posteriores vanguardias influyó en su estilo; ni el expresionismo abstracto, ni el informalismo, ni el op art, ni el pop art… En todo caso pudo coincidir con algunos artistas adscritos a la neofiguración, pero tal coincidencia tiene más que ver con un eco de la historia del arte que con su desarrollo», explica Barthe.

 

El mundo de Sáenz de la Calzada se derrumbó en 1936, con la Guerra Civil y el cierre de la Institución Libre de Enseñanza. A partir de entonces, «habló con sus cuadros, donde resucita postulados de los años 30 por secretas sendas».

 

Afirma Barthe que los análisis que se habían hecho hasta ahora de la obra de Barthe son muy deficientes. «Yo lo he leído casi todo». Solo salva los comentarios «certeros» de Antonio Gamoneda, quien en su opinión es el que «mejor sabe» descifrar a Sáenz de la Calzada. «Yo parto de Gamoneda», dice. Es difícil ‘construir’ el mundo artístico de un hombre que fue un pionero, como digno hijo de la llamada Generación de Plata y que, sin embargo, no reconoce ninguna de las vanguardias artísticas surgidas tras la II Guerra Mundial.

 

No oculta Barthe que con su libro pretende también «revalorizar» la obra de Sáenz de la Calzada, que ya elevó su cotización tras las exposiciones que le dedicaron tanto el ILC como el Centro Cultural de la Villa. Piensa que sí es un artista conocido, pero no valorado. Su obra se ha expuesto en países como Canadá, donde una de sus cuatro hijas organizó una muestra y donde hay una pequeña colonia en Quebec de coleccionistas del artista leonés.

 

Uno de los sabios de León

 

El escritor piensa que si el pintor leonés que trabajó con Lorca en el teatro de La Barraca era un hombre hermético es, seguramente, porque perdió la guerra.

 

Sus cuadros son igualmente herméticos y están llenos de claves que hay que desvelar. Asegura que la vida y la obra de Sáenz de la Calzada están tan unidas que su auténtico testamento es el pictórico. Cuenta Barthe que en una visita a León, en la época en la que estudiaba en Barcelona, sus padres le dijeron: «Te vamos a presentar a uno de los sabios de León». Así conoció a Sáenz de la Calzada. «Disfruté mucho de su amistad y de su magisterio».

 

En el libro Barthe aborda cómo muchos de los cuadros de Sáenz de la Calzada, que aprendió alemán para poder leer a los filósofos germanos, «nos remiten a la literatura emblemática, sobre todo en torno al silencio; un silencio que no abandona ni con la llegada de la democracia».

 

Sáenz de la Calzada utilizó la angelología —pintó ángeles desde el principio— para explicar teorías como la gravedad cuántica o la teoría de la relatividad, que ya no se podían ilustrar. Espacio-tiempo y silencio-disimulo son claves en su obra.

 

Un artista desigual

 

También creó un bestiario que, en opinión de Barthe, es en realidad una antropología. Estima que el artista pintó más de mil obras, aunque el número es difícil de precisar porque «vendía de manera desordenada».

 

Con su libro Barthe pretende que la historia del arte corrija sus códigos con respecto a Sáenz de la Calzada. Un artista que también fue muy desigual, con obras «muy flojas», sobre todo las de pequeño tamaño, que no creó para mostrarlas y que permanecieron durante mucho tiempo en su estudio. Las hijas del artista donaron más de 200 obras a la Diputación, que quizá posee la segunda mejor colección de Sáenz de la Calzada, después de la de su hija Margarita.

 

Para Barthe, los años que el artista pasa con Lorca en La Barraca (de 1932 a 1936) son cruciales en la estética de Sáenz de la Calzada. «Sus cuadros», asegura, «parecen bocetos para teatro».

 

El artista leonés llegó a pintar también algún decorado para Buñuel, que al final sufriría un largo exilio en México junto a su arquitecto Arturo Sáenz de la Calzada, hermano de Luis. La mayor parte de los intelectuales de su época que no perecen en la guerra tendrán que buscar refugio en otros países.

 

A Luis Sáenz de la Calzada le salva Luis Escobar, marqués de las marismas del Guadalquivir y conocido por sus papeles en La escopeta nacional y Patrimonio Nacional, de Luis García Berlanga. «No se puede olvidar que yo perdí la guerra. Y me tocó perderla aquí, en León», contaba.

 

«Luis Escobar me salvó la vida en aquellos momentos tan terribles. Dionisio Ridruejo le había encargado la fundación de la Compañía de Teatro Nacional y que recorriera las ciudades y los pueblos representando autos sacramentales. Luis Escobar, necesitado de actores, me llevó con él a la compañía. Pasado el tiempo alguien de León me aseguró que mi vida se había salvado al haber marchado con Luis Escobar. Por ello, debo considerarle mi salvador».

 

«El teatro», según Álvarez Barthe, insufla en el médico leonés «una pasión infinita por todas las artes. «En 1933 estuvimos actuando en León. Representamos Fuenteovejuna y La tierra de Alvar González. Dormimos en el Hotel París y, a la mañana siguiente, al bajar a desayunar, Federico (García Lorca) pidió con toda seriedad a la señorita que nos sirviera ‘un chocolate chorpatélico, con un poco de ronronquelia’. No es difícil de imaginar la cara de la pobre camarera», contaba Sáenz de la Calzada.

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